and
Shattered Writing: Four Translated Valerie Mejer Caso Poems from Edinburgh Notebook

1 May 2018

Quicksand

Quicksand, or so they called that vague circle you had to avoid—you step there, you die there, my brothers said, with a finger drawing the circle of finality. I hung back like a dog. I was the littlest. Supernatural light, the picture glare, the shine in the dog’s eyes, my desperation, radiant.

They call it the world’s most beautiful picture: the head, and inside it, pupils that retrace the impossible outlet for the innocent. You can hear it groan, but its master doesn’t, that master who paints it but can’t save it, hangs the picture
beside his villa door.

My dog groaning his heart out, I run across the sheet, it seemed like pomegranate blood because, desperate, we think nonsense. My brother was hollering that’s my dog, dying
in gushes of blood, the car sped off, in that incandescence after 3 o’clock, help me lay
him on the sheet, grab the corners, like a stretcher, there, like that, there’s still a chance
for poor Bobby, hurry, hurry, because his master’s shattered and will shatter forty years later
when he jumps from a window in Edinburgh.

Gardener on the sidewalk, I don’t know if that made the world’s most beautiful painting. Bobby only broke a leg, hobbled with a bucket over his head, not to chew the wound,
the danger gone—for now—next comes beach, beast, quicksand, and that bleary circle wobbling in a space where everything falls, and sinks, into the dog-day world.


Arena Movediza

Arena movediza, así llamaron a ese vago círculo que había que rodear o si pisas ahí morirás dijeron mis hermanos dibujando con el dedo el círculo del fin. Yo me arredré como un perro. Era la menor. La luz sobrenatural, el resplandor del cuadro, el brillo en los ojos del perro,
el fulgor de mi desesperanza.

Lo llaman El cuadro más bello del mundo, su cabeza y en ella las pupilas que remontan la salida imposible para el inocente. De manera que el gemido se escucha sin que el amo lo oiga, el amo que lo pinta y no lo salva, lo cuelga al lado de una puerta de su Quinta.

Gime que te gime mi perro, corro por una sábana,
la sangre de granada me pareció porque también desesperados pensamos tonterías. Mi hermano gritaba es mi perro, que se muere en sangre a chorros, el auto se da a la huida, el brillo de pasadas las tres, ayúdenme a ponerlo en la sábana, recojan las esquinas como en una camilla, eso, así, aún hay esperanza, para el inocente Bobby aprisa, aprisa, que su amo está quebrado y lo estará cuarenta años más tarde
cuando salte por una ventana en Edimburgo.

Un jardinero en la banqueta, no sé si éste era le cuadro más bello del mundo. A Bobby sólo
se le rompió la pata, andaba con una cubeta en la cabeza para que no se lamiera la herida,
el peligro había pasadopor lo prontoya vendría la playa, la bestia, la arena movediza
y ese desdibujado círculo que se desplaza en el espacio donde todo cae, y se hunde, en un incesante mundo de perros.

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