and
Shattered Writing: Four Translated Valerie Mejer Caso Poems from Edinburgh Notebook

1 May 2018
High Vacuum

Pregnant with bats, the great poplar.
Below, the droning 
of flies just before ten on the corner
of Anapamu and State. To a distant barking,
strollers hissing en route to their day on the moon.
            First a place is a wound in the mind. 
            Reasoning tied up
and kicked into a pit of despair. 
At the cafe, I watch the armless veteran walk in. 
In his wake, hallucination:
            my battered brother crawls 
the long hallway to the window ... he watches
a blond boy running in the park, a flash
of his own ruined perfection, 
but that boy will never be the object of cruelty. 
Afternoon shadows  
                      his shattered body, across from the hostel 
at 5 West Register Street, Edinburgh.
That street is somewhere else. 
It can’t exist in the mind. 
It can’t be a street. 
I orbit it in outer space,
where language
lacks the jacket and tie required for entry. 

Space sounds like the stammer 
hollered by a falling gardener. 
That’s why Edinburgh doesn’t exist,
            except in a high vacuum. 
Constantly proving the power of pain. 
Outside the cafe, tortoises, 
dark and small, tumefy the roots of giant trees.
Strolling in range of their shadows,
                                                                  families, people, gardeners. The living.


Al Alto Vacío Embarazado de murciélagos, el gran álamo. Abajo planea el zumbido de las moscas un poco ante del las diez en la esquina de Anapamu con State. Hasta donde llega el remoto ladrido del perro, el siseo de las carreolas que avanzan hasta su día en la luna. Un sitio es antes una herida en la mente. Razonamientos presos y apresurados hacia un pozo de llanto. Al café veo entrar al veterano sin brazos y detrás de él viene la alucinación: mi hermano se arrastra con sus huesos rotos por el largo pasillo hasta la ventana… desde ahí mira el parque donde corre un niño rubio y paralelo a una momentanea perfección que tuvo él mismo sólo que este nunca será objeto de crueldad. Allá la tarde sombrea aquel cuerpo quebrado, frente al hostal ubicado en el número 5 de West Register Street, Edimburgo. Es otra calle ese sitio. No puede existir en la mente. No puede ser una calle. Orbito alrededor de ella en el espacio exterior, en donde al lenguaje le falta el saco y la corbata para ser admitido. El espacio suena a balbuceos a gritos de un jardinero que cae. Por lo tanto es así que Edimburgo no existe más que al alto vacío. Donde inexorablemente se demuestra el poder de la pena. Afuera de este café las tortugas mínimas y oscuras, ensanchan las raíces de árboles gigantezcos bajo la esfera de su sombra deambulan familias, gentes, jardineros. Vivos.
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