and
Six Poems from Juan Diego Otero’s Los Tiempos del Ruido

1 November 2015

It’s not easy to relate the tumult and commotion of that night; only that prosopopoeia, with which the preachers represent to us the day of judgement, can present us with some explanation of what physically occurred on the night of the terror: all of the people out of their houses, out of fear they would collapse. Some half-dressed, as they were in their lodgings; others entirely naked because they were already in bed, and everyone groaning and crying out for mercy, running aimlessly through the streets. Nobody knew where they were going, because nobody knew where they were. Everybody cried out to heaven, because they could see that the earth was lost to them.1

-Joseph Cassani, 1741.


No es fácil referir la turbación y conmoción de aquella noche; sólo aquella prosopopeya, con que nos representan los predicadores el día del Juicio, puede presentarnos alguna explicación de lo que físicamente sucedió la noche del espanto: la gente toda fuera de las casas, por el temor de que se venían abajo. Unos medio vestidos, como estaban en sus posadas; otros enteramente desnudos porque estaban ya acostados; y todos gimiendo y clamando misericordia, discurrían sin tino por las calles. Nadie sabía dónde iba, porque nadie sabía dónde estaba. Todos clamaban al Cielo, porque veían que les faltaba la tierra.2

Joseph Cassani, 1741.


Origami

This city has not dared
to let itself be perforated by a metro.

Perhaps out of fear of mixing together
the noise that it holds in its entrails:
we know that it’s not the same noise
in the centre and on the periphery.

Or rather out of fear of finding itself exposed
in the map of its routes,
the folds that give form
to a paper beast.


Portal

Standing in the centre like this,
directly beneath the shower,
a water-shadow is projected over the tiles,
an inverted mould made of drops
that I delay in the falling:
the space that I occupy
and that deprives me of its transparency.

Cleanliness, of course, is a motive, but I suspect
that if I return each day, it is in search of another gift:
only within the untraceable perimeter
of the drops in descent, do reliable ideas occur to me,
the little clarity that each day reserves for me
arrives as if fallen from the sky;
but from much lower, from a hand or two above my head.

Maybe the rain irrigates thought
in more elevated minds; mine,
alien as it is to the tongue of the clouds,
resigns itself to turning the tap
in order to disperse the lines of the argument,
conjuring away the machinations of the giants
and going over, drop by drop
all the forms of falling.


Zenith

Since I fell from that branch
I stumble more frequently;
the fall, instead of making me more careful,
has strengthened my affinity with the ground.

And although I still haven’t freed myself
of the shame when there are witnesses,
I feel that the blow does me well:
I regather myself, limb by limb
and confront gravity from below:

it’s healthy to collapse, when the self
has walled itself into a tower
that points toward the head.


Turin, 1889

A horse isn’t like a dog.
In the one, estrangement limps,
the distance from wildness
has thinned out in its face;

in the other, however, in the horse,
or rather before the other,
at an inch from its flat brow,
a ravine opens up in space
which separates us from its breath,
and thwarts the desire
to touch it:

nobody knows where
the focus of its eyes converge,
the weight that it bears on its back
is not ours.


Hypothesis

1.
The ideas are not ours, but from some neighbour,
and on a lower floor he drains them
not realising that they will climb
up to my shower through the piping.

2.
Thinking falls lightly under the shower
due to some kind of resonance,
as one string moves the other
when the same note tunes them.

3.
It is no more than that old educational virtue of water,
that taught us to measure the volume of bodies
and the impossibility of twice drenching
the same bodies in the same waters.
A lesson of change, and one of permanence:
in the middle, the coast on which thought breaks.

4.
The ideas aren’t from some neighbour, but rather from
all the bathers that have existed, for water,
as well as communicating web
is also memory.


Origami

Esta ciudad no se ha atrevido
a dejarse horadar por un metro.

Tal vez por miedo a entremezclar
el ruido que guarda en las entrañas:
se sabe que no es el mismo ruido
en el centro y en la periferia.

O bien por temor a verse expuesta
en el mapa de sus rutas,
los pliegues que conforman
a una bestia de papel.


Portal

Parado en el centro así,
justo debajo de la ducha,
se proyecta una sombra de agua sobre las baldosas,
un molde invertido hecho de gotas
que demoro en la caída:
el espacio que ocupo
y me priva de su transparencia.

La limpieza, por supuesto, es un motivo, pero sospecho
que si regreso a diario es en busca de otro don:
sólo en el perímetro intrazable
de las gotas al caer, se me ocurren ideas de fiar,
la poca claridad que cada día me reserva
me llega como caída del cielo;
pero de mucho más abajo, a un palmo o dos de mi cabeza.

Tal vez la lluvia riegue el pensamiento
en mentes más altas; la mía,
ajena como es a la lengua de las nubes,
se conforma con girar la llave
para desperdigar las líneas de la argumentación,
escamotear el discurrir de los gigantes
y recorrer gota por gota
todas las formas de caer.


Cenit

Desde que caí de esa rama
me tropiezo con más frecuencia;
la caída, en vez de volverme cuidadoso,
ha estrechado mi afinidad con el suelo.

Y aunque aún no me he librado
de la vergüenza cuando hay testigos,
siento que el golpe me hace bien:
recogerme miembro a miembro
y confrontar la gravedad desde la base:

es sano derrumbarse cuando el ser
se ha emparedado en una torre
que apunta a la cabeza.


Turín, 1889

Un caballo no es como un perro.
En éste cojea el extrañamiento,
la distancia de lo salvaje
se ha adelgazado en su mirada;

en aquél, en cambio, en el caballo,
o más bien delante del mismo,
a una pulgada de su frente plana,
se abre un barranco en el espacio
que nos separa de su aliento,
y hace imposible el anhelo
de poder tocarlo:

nadie sabe dónde converge
el foco de sus ojos,
el peso que carga en el lomo
no es el nuestro.


Hipótesis

1.
Las ideas no son propias, sino de algún vecino,
y en un piso inferior las desagua
ignorando que han de trepar
hasta mi ducha por las tuberías.

2.
El pensar cae ligero bajo la ducha
por un fenómeno de resonancia,
como una cuerda mueve a la otra
cuando las templa el mismo tono.

3.
No es más que la vieja virtud educativa del agua,
que nos enseñó a medir el volumen de los cuerpos
y la imposibilidad de mojarlos dos veces,
los mismos cuerpos en las mismas aguas.
Una lección de cambio y una de permanencia:
en medio, la costa donde rompe el pensamiento.

4.
Las ideas no son de algún vecino, sino de todos
los bañistas que ha existido, pues el agua
además de red que comunica,
es también memoria.



  1. On March 9, 1687, the inhabitants of Bogotá were awoken by a noise of unknown origin. The roar, which erupted at ten at night, and endured for a quarter of an hour, was followed by the pleas of those who smelt a stench of sulphur mixed with the wind. It may not have been the end of the world, but the noise was enough to tear time in two: as years went by, amongst the inhabitants of the capital, the expression ‘the times of noise’ slowly settled, to refer to a very distant past.
  2. El nueve de marzo de 1687, los habitantes de Bogotá fueron despertados por un ruido de origen desconocido. El bramido, que estalló a las diez de la noche y se prolongó por un cuarto de hora, fue sucedido por las súplicas de quienes olieron un hedor a azufre mezclados en el viento. Si bien no acabó con el mundo, el ruido fue capaz de rasgar el tiempo en dos: con los años, entre los habitantes de la capital se sedimentó la expresión ‘los tiempos del ruido’ para referir un pasado muy lejano.




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