and
Four Translated Ángelo Néstore Poems

1 November 2018

When I Picked the Wrong Bar

I’m that kind of friend,
always ordering another round in bars.
I have no children,
I am the only son in a long line of bastards
who eat their fill and self-destruct.

My friends are fathers, though,
the kind who hunt for any excuse to come home late;
they always stand me another drink,
never want to let me leave.

They look at me and say a hundred times
how hard it is,
how lucky I am.
They don’t see the ants crawling up my legs,
they don’t see them.
They drink time with their paternal mouths,
they swallow time with their paternal saliva,
and each day I grow smaller and smaller
while their children grow bigger and bigger.
And at forty, fifty,
I’ll return to that same bar on the corner
and those who are kids today will wonder why
there are so many ants in my mouth,
why their fathers’ friend still thinks he’s young.

At fifty, sixty,
who will bring me home,
who will tuck my bones beneath the sheets?
At sixty, , seventy perhaps
who will answer my questions,
who will tell me how hard it is,
how lucky I am
when one day I get confused and order another round
before the lone light of my refrigerator.


De cuando me equivoqué de bar

Yo soy de esa clase de amigos
que siempre pide otra ronda en los bares.
No tengo hijos,
soy el hijo único de una dinastía de bastardos
que se llena el estómago y se autodestruye.

Mis amigos, sin embargo, son padres,
de esos que buscan una excusa para volver tarde a casa,
siempre me invitan a otra,
nunca quieren que me vaya.

Ellos me miran y cien veces
me cuentan cien veces lo difícil que es
la suerte que yo.
Ellos no ven las hormigas que trepan por mi pierna,
no las ven.
Beben tiempo con su boca de padres,
tragan tiempo con su saliva de padres
y yo me vuelvo cada vez más pequeño
y sus hijos cada vez más grandes.
Y con cuarenta, con cincuenta,
volveré al mismo bar de la esquina
y entonces los que hoy son niños se preguntarán por qué
tantas hormigas en mi boca,
por qué el amigo de sus padres se sigue creyendo joven.

Con cincuenta, con sesenta,
quién me llevará a casa,
quién guardará mis huesos bajo las sábanas.
Con sesenta, quizás, con setenta
quién contestará a mis preguntas,
quién me dirá lo difícil que es,
la suerte que yo
cuando un día me confunda y pida otra ronda
frente a la sola luz de mi nevera.

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